24 mayo, 2009

A LA INTEMPERIE DE MIS CARICIAS


Si te dijera que la espera se está haciendo cada día más complicada; que es una sensación confusa la de tenerte presente en cada segundo, y luego encerrarme a escribir escapando de los obsesivos días que me restan alejado de ti.

Mientras tanto, le platico a todos mi afanoso impulso de seguirte, con esa fuerza llamada amor, como la razón primordial para no hacerle caso al olvido prematuro.

Ofuscadas ambivalencias me hacen dudar de extremo a extremo; me cuesta tanto aceptar el designio de que vivas en un mundo tan apartado, y que tener acceso a él esté fuera de mis manos, más allá de las hostigadas palabras que te envío esperando producir el eco de un sólo vendaval.

Luego, recuerdo los besos, la euforia, las risas, la asombrosa forma de acoplarnos en todos los sentidos. Lo que me hiciste apreciar de la vida mientras estuvimos juntos y las impresiones gratas que aún sigo albergando en mis más dulces delirios.

Lo pretenda o no, la contradicción de quererte gira por el centro de este mensaje que sin pretexto deberá ser leído en voz alta para llegar hasta tus oídos; para que lo guardes en el interior de tus pensamientos y al confabularse puedas deletrear mi nombre desde la distancia más lejana, desde ese otro mundo donde vives ahora, a la intemperie de mis caricias.


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